Cortiñas aseguró que los datos oficiales “demuestran” que el Estado Dominicano atraviesa un déficit operativo primario, donde los ingresos recaudados son insuficientes para cubrir incluso los gastos ordinarios de consumo y funcionamiento.
El economista aseguró que la gravedad de la situación se resume en dos cifras: RD$ 39,468 millones. Ese es el monto por el cual el gasto corriente (RD$ 301,215 millones) supera a los ingresos totales (RD$ 261,747 millones) y desequilibrio fiscal es innegable. Con ingresos totales de RD$ 261,747 millones frente a un gasto total de RD$ 327,459 millones, el Estado Dominicano presenta un saldo negativo de RD$ 65,712 millones en lo que va de año.
“Técnicamente, el país está en una posición de insolvencia operativa temporal: por cada 100 pesos que ingresan a las arcas del Estado, el Gobierno ya ha comprometido 115 pesos solo en gastos de consumo, intereses de deuda y transferencias. Esta realidad obliga al endeudamiento constante no para construir obras, sino para pagar la operatividad diaria”, dijo.
Presupuesto Desequilibrado
Al desglosar el gasto total devengado de RD$ 327,459 millones, Cortiñas afirmó que se “evidencia” una estructura de prioridades profundamente distorsionada:
• Intereses de la Deuda: Se han pagado RD$ 85,230 millones (26.3% de ejecución), siendo la partida con mayor celeridad.
• Gasto de Capital (Inversión): Apenas se han ejecutado RD$ 26,244 millones, lo que representa un pálido 8.01% del gasto total.
La Falacia de la Liquidez vía Reservas
“El uso de las Reservas Internacionales de US$ 16,176.5 millones como argumento de solvencia fiscal es un error grave. Las reservas son un activo del Banco Central para la estabilidad monetaria, no un fondo de emergencia para cubrir el déficit de un Gobierno que gasta más de lo que recauda. Confundir salud monetaria con salud fiscal es es un error a no ser sea solo una estrategia de comunicación”, dijo.
En cuanto a la cuota de sacrificio que el Gobierno solicita a la ciudadanía, el economista asegura que ya está ocurriendo vía inflación y subida de combustibles, mientras el Estado mantiene un ritmo de gasto que supera sus propios ingresos.


