El Partido Reformista Social Cristiano lleva 18 años sin presentar una candidatura presidencial propia y mantiene una estrategia de alianzas con otras organizaciones políticas, mientras pierde respaldo electoral y enfrenta cuestionamientos internos.
El Partido Reformista Social Cristiano (PRSC) atraviesa una prolongada etapa de debilitamiento político, marcada por divisiones internas, pérdida de respaldo electoral y ausencia de un proyecto presidencial propio desde las elecciones de 2008.
La organización celebró recientemente su convención nacional para escoger las autoridades que dirigirán el partido durante los próximos cuatro años, en un proceso que concluyó con la reelección de Federico Antún Batlle en la presidencia, sin que hasta el momento se vislumbre una figura con aspiraciones de encabezar una candidatura presidencial para los comicios de 2028.
Desde que presentó a Amable Aristy Castro como candidato presidencial en 2008, el PRSC ha optado por respaldar a aspirantes de otras organizaciones, convirtiéndose en una fuerza política que negocia alianzas con los principales partidos del país.
Esta estrategia ha coincidido con una reducción progresiva de su caudal electoral. En las elecciones de 2024 obtuvo apenas 38,126 votos, equivalentes al 0.87 % de los sufragios.
Mientras tanto, Antún Batlle continúa al frente de la organización, en medio de cuestionamientos internos y de la salida de dirigentes que en otros momentos representaron alternativas de liderazgo.
El partido que encabezó el expresidente Joaquín Balaguer y gobernó la República Dominicana durante 22 años no consecutivos, entre 1966 y 1978 y de 1986 a 1996, enfrenta hoy una realidad política muy distante de su antigua influencia.
Durante décadas, Balaguer y el PRSC fueron protagonistas de la disputa por el poder frente al Partido Revolucionario Dominicano (PRD) y el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), pero las pugnas internas que comenzaron a intensificarse en la década de 1990 marcaron el inicio de su deterioro.
Las divisiones que debilitaron al reformismo
La crisis interna del PRSC se profundizó después de las elecciones de 1994, cuando, tras la controversia electoral, se acordó reducir a dos años el período presidencial de Balaguer y prohibir la reelección consecutiva.
La decisión abrió una disputa por la candidatura presidencial para los comicios de 1996, protagonizada por el entonces vicepresidente Jacinto Peynado y el exvicepresidente Carlos Morales Troncoso, quien contaba con el respaldo de importantes colaboradores del mandatario.
La convención que favoreció a Peynado provocó fuertes diferencias entre las principales corrientes del partido. La confrontación afectó la integración de dirigentes a la campaña y el respaldo económico y logístico a la candidatura.
En las elecciones de 1996, Peynado quedó en un distante tercer lugar, con el 14.99 % de los votos. Posteriormente, Balaguer respaldó al PLD en la segunda vuelta para impedir la victoria de José Francisco Peña Gómez, candidato del PRD.
Balaguer intentó recuperar el protagonismo reformista en las elecciones de 2000, cuando volvió a presentar su candidatura presidencial. Sin embargo, obtuvo el tercer lugar con el 24.60 % de los votos.
El fallecimiento del expresidente, el 14 de julio de 2002, dejó al partido sin su principal figura de liderazgo y profundizó la disputa por el control de la organización.
Un partido sin rumbo después de Balaguer
La primera gran confrontación tras la muerte de Balaguer ocurrió durante el proceso interno para escoger al candidato presidencial de 2004.
Eduardo Estrella y Jacinto Peynado protagonizaron la disputa, con Carlos Morales Troncoso respaldando a este último. Estrella resultó ganador de la nominación, pero sus adversarios y dirigentes cercanos abandonaron el PRSC para apoyar a Leonel Fernández, candidato del PLD.
En las elecciones de 2004, Estrella obtuvo apenas el 8.77 % de los votos. Posteriormente, también se distanció de la organización y desarrolló su propio proyecto político.
La última candidatura presidencial propia del PRSC fue la de Amable Aristy Castro, en 2008, cuando consiguió el 4.77 % de los sufragios. Años después, Aristy Castro también abandonó el partido y fundó el Partido Liberal Reformista (PLR).
Por su parte, Eduardo Estrella creó Dominicanos por el Cambio (DxC), organización con la que participó en las elecciones de 2012 y obtuvo el 0.21 % de los votos.
Las alianzas como estrategia de supervivencia
A partir de 2012, el PRSC consolidó su papel como partido aliado de otras fuerzas políticas, renunciando a presentar una candidatura presidencial propia.
En esos comicios respaldó al PLD y a Danilo Medina, integrándose al Bloque Progresista. La alianza permitió a los reformistas alcanzar el 5.84 % de los votos.
Para las elecciones de 2016, la organización cambió de aliado y apoyó al Partido Revolucionario Moderno (PRM) y a su candidato, Luis Abinader, quien finalmente perdió frente a Medina. El PRSC obtuvo el 5.62 % de los sufragios.
En 2020 volvió a modificar su estrategia y se alió con Leonel Fernández y su recién creada Fuerza del Pueblo, en medio de la división del PLD. En esa ocasión, el PRSC consiguió 73,913 votos, mientras Fuerza del Pueblo alcanzó 233,538, equivalentes al 8.90 %.
Cuatro años después, la organización regresó a las filas del PRM para respaldar la candidatura reeleccionista de Abinader. Sin embargo, su desempeño electoral volvió a deteriorarse, al registrar apenas 38,126 votos, un 0.87 %.
El desafío de cara a 2028
Con las elecciones presidenciales, legislativas y municipales de 2028 cada vez más cerca, el PRSC enfrenta el desafío de recuperar su identidad política y reconstruir una estructura capaz de competir con mayor autonomía.
La reciente reelección de Antún Batlle, en medio de cuestionamientos y malestar dentro de la organización, vuelve a colocar sobre la mesa el debate acerca de la renovación de su liderazgo.
Sin una candidatura presidencial propia desde hace casi dos décadas y con un respaldo electoral reducido, el partido continúa apelando al legado de Joaquín Balaguer, mientras su futuro político depende, en buena medida, de su capacidad para superar las divisiones internas y dejar atrás su condición de organización aliada de otras fuerzas.


