WASHINGTON.— China ha intensificado sus esfuerzos para convertirse en la principal potencia mundial en inteligencia artificial (IA) antes de que termine esta década, mientras en Estados Unidos crece el debate sobre hasta dónde debe llegar el desarrollo de una tecnología que algunos expertos consideran potencialmente capaz de escapar al control humano.
El gobierno chino presentó recientemente una estrategia integral para impulsar su liderazgo en inteligencia artificial, con una combinación de financiamiento, infraestructura y coordinación estatal que le permite movilizar recursos a una escala difícil de replicar en sistemas políticos menos centralizados.
Para las autoridades chinas, la IA no solo representa una oportunidad económica y tecnológica. También constituye un asunto de seguridad nacional y de supervivencia política, ante el temor de que Estados Unidos pueda utilizarla para obtener ventajas en áreas como ciberseguridad, espionaje y propaganda.
La situación ha convertido la competencia tecnológica entre Washington y Beijing en una carrera que guarda similitudes con la rivalidad nuclear de la Guerra Fría, aunque con una diferencia fundamental: todavía existe una gran incertidumbre sobre las capacidades reales que podría alcanzar la inteligencia artificial y sobre el riesgo de que llegue a representar una amenaza existencial para la humanidad.
China acelera para cerrar la brecha
Estados Unidos mantiene importantes ventajas en la producción de modelos avanzados de IA, las inversiones privadas y la infraestructura de centros de datos. Sin embargo, la brecha tecnológica con China se ha reducido considerablemente.
Las restricciones impuestas por Washington a la exportación de los chips más avanzados hacia China generaron obstáculos para las empresas de ese país. En respuesta, los desarrolladores chinos concentraron sus esfuerzos en mejorar la eficiencia del software y obtener un mayor rendimiento con una capacidad de procesamiento limitada.
“Como no podían alcanzar a los estadounidenses porque no tenían los chips más avanzados, hicieron que su software fuera mejor y más eficiente”, explicó David Bellman, responsable de producto de la empresa de inteligencia de datos SynMax.
El avance quedó reflejado en febrero de 2025, cuando el modelo de inteligencia artificial de la empresa china DeepSeek se situó apenas 0.4 % por debajo del principal modelo de OpenAI en pruebas de referencia.
Desde entonces, los modelos estadounidenses y chinos han mantenido una competencia mucho más estrecha. El informe AI Index 2026 de la Universidad de Stanford concluyó que la diferencia de rendimiento entre ambos países está “efectivamente cerrada”.
La definición de qué país lleva la delantera, sin embargo, depende del indicador utilizado. Estados Unidos continúa teniendo ventajas importantes en modelos de frontera, inversión privada y capacidad de infraestructura para centros de datos, según Andrew Chin, profesor de Derecho especializado en inteligencia artificial de la Universidad de Carolina del Norte.
Beijing apuesta por la planificación estatal
China tampoco parece dispuesta a ceder terreno.
En 2025, el gobierno chino presentó su Plan de Desarrollo de Inteligencia Artificial de Nueva Generación, una estrategia destinada a convertir al país en líder mundial mediante la coordinación entre organismos estatales y empresas tecnológicas.
El plan contempla el desarrollo de infraestructura, modelos de lenguaje de gran escala y aplicaciones destinadas a transformar sectores estratégicos de la economía, entre ellos las baterías, la robótica y la automatización.
Investigadores del Instituto de Datos y Política de Seguridad Nacional de la Universidad de Virginia señalaron que la planificación centralizada ha permitido a China desarrollar rápidamente tecnología propia y ampliar su influencia internacional.
Pero el modelo chino también presenta riesgos y limitaciones. Los investigadores advierten que la estrecha relación entre el Partido Comunista y el sector tecnológico puede favorecer decisiones políticas y generar sesgos en los sistemas de inteligencia artificial.
La principal preocupación de Beijing no es necesariamente que la IA pueda provocar la extinción de la humanidad, sino que pueda convertirse en una amenaza para el control político del Partido Comunista.
El ministro chino de Seguridad del Estado, Chen Yixin, advirtió en un artículo publicado el domingo que el país debe mantener el dominio y control sobre la inteligencia artificial. Según Chen, una pérdida de ese control podría poner en riesgo la capacidad del Partido para mantener su influencia sobre la población.
También alertó sobre la posibilidad de que Estados Unidos utilice la IA para obtener ventajas en ciberseguridad y espionaje o para desarrollar campañas de propaganda contra el gobierno chino.
En Estados Unidos aumenta el debate sobre los límites
Mientras China acelera su estrategia, la industria estadounidense de inteligencia artificial ha comenzado a discutir con legisladores y funcionarios la necesidad de establecer límites al desarrollo de esta tecnología.
El presidente Donald Trump, sin embargo, ha cuestionado los esfuerzos destinados a frenar la expansión de la IA y ha advertido que una regulación excesiva podría representar una concesión frente a China.
Aún no está claro hasta qué punto las principales empresas tecnológicas estadounidenses están dispuestas a moderar el ritmo de desarrollo ni cuánto consideran que sus sistemas podrían llegar a representar una amenaza real para la humanidad.
Los escépticos también señalan que existen importantes obstáculos técnicos para que la IA alcance capacidades capaces de producir daños catastróficos.
Uno de ellos es la disponibilidad de capacidad informática. La construcción de nuevos centros de datos en Estados Unidos avanza más lentamente de lo previsto por la industria debido a problemas relacionados con la falta de trabajadores, materiales de construcción y chips avanzados, así como por dificultades para obtener permisos, mayores costos financieros y oposición de algunas comunidades a la instalación de estas enormes infraestructuras.
“Son problemas fundamentales que podrían hacer fracasar los modelos de negocio tecnológicos”, dijo Darrell West, investigador principal de estudios de gobernanza de la Brookings Institution.
Una carrera sin reglas claras
El dilema para Washington es cada vez más complejo: reducir el ritmo de desarrollo de la inteligencia artificial podría disminuir determinados riesgos, pero también podría permitir que China tome la delantera en una tecnología considerada estratégica para la economía y la seguridad nacional.
Al mismo tiempo, acelerar sin límites la carrera tecnológica podría incrementar riesgos que todavía no se comprenden completamente.
La comparación con la Guerra Fría resulta inevitable. Estados Unidos y la Unión Soviética llegaron a acumular arsenales nucleares capaces de destruir el planeta varias veces antes de aceptar la necesidad de establecer mecanismos de control y comunicación.
Con la inteligencia artificial, el escenario es todavía más incierto. No existe consenso sobre cuándo, cómo o incluso si los sistemas de IA podrían adquirir capacidades capaces de provocar una catástrofe global.
La pregunta fundamental sigue sin respuesta: nadie sabe realmente cuánta capacidad informática necesitaría una inteligencia artificial para causar un daño de proporciones irreversibles a la humanidad.
Y mientras científicos, empresas y gobiernos intentan determinar ese límite, Estados Unidos y China continúan acelerando una carrera tecnológica que podría definir buena parte del equilibrio mundial durante las próximas décadas.


